Don Tuerto de El Puerto

 


Nací en casa, un 4 de mayo del 70, lunes por la mañana, ¡a trabajar, que hay vida! Nací muy cerca del río Guadalete, y cerca de la playa. Esto nos marca a todos, nuestra zona de nacimiento y crianza. Recuerdo desde bebé las salidas familiares a la playa, sin el apestoso coche (gases del motor), caminando, y caminando a playas lejanas. Yo iba en brazos, y años después, a patita y disfrutando (nací para andar). Cuento estos detalles porque acabarán siendo tatuaje. La playa en mi cara. Volverme playa. Amerizar desde mis sueños. He pasado muchos grandes momentos en la arena, muchos años, 41 años, incluso los inviernos, cuando no llovía. He aprendido más entre rocas y algas que en la puta escuela. Fui un niño lector, pero lector casero. No cambio mi vida por otra; me la quedo, es guapa, tiene arte, huele a mar.

¿He pensado yo que mi tatu facial influye algo en la sociedad? ¿Siento que pongo mi granito de arena en defensa de los tatuajes? Influye, y mucho. Me refiero a los niños. Si yo hubiera visto de niño, de cerca, a una persona caritatuada (con la cara tatuada), lo recordaría siempre como algo interesante y artístico, como algo de gran importancia. Y no influye, y me refiero a los viejos de todas las edades y niveles académicos. Viejos hay en la escuela, el instituto, la universidad, el senado... Esos no quieren ver, y no ven. Si pudieran, me exiliaban. Yo defiendo el tatuaje con la propia cara. Soy un anuncio. Para mí, los insultos; para vuestros hijos, los frutos. Buen negocio, ¿verdad?